Metodología situacional


“Los primerizos trabajos de campo serían llevados a cabo por los antropólogos que estaban contestando los postulados evolucionistas. No sería casualidad que los primeros observadores sistemáticos de los hechos sociales que estudiaban, y que se hallaban en las filas del particularismo histórico y del difusionismo, provinieran de los campos de las ciencias naturales o de las ciencias experimentales.

Éste es el caso de Franz Boas, formado en la física, o el de G. Elliot-Smith en la medicina. Otros difusionistas como W. H. Rivers, médico, también habían optado por el uso sistemático del trabajo de campo. Era la evidencia de que la disociación entre el trabajo teórico y el empírico que se percibía en la mayor parte de los textos evolucionistas, comenzaba a ser historia. Y lo sería definitivamente a partir de B. Malinowski (1922), con quien se inaugura la técnica antropológica de la observación participante con la solidez que la conocemos en la actualidad.

Con B. Malinowski y A. R. Radcliffe-Brown, en la década de los años veinte, cristaliza un proceso que se había iniciado décadas atrás, de modo que a partir de este momento la técnica se hará operativa. Frente a la relación breve, casi fugaz en ocasiones, que se produce en el resto de las ciencias sociales entre el entrevistador y el entrevistado, la observación participante introduce al investigador plenamente en el seno del grupo humano que estudia. Esta introducción permite, por un lado, la observación directa y, por otro, la convivencia que lleva al investigador a participar de la actividad cotidiana de los estudiados.

Con la observación participante, el investigador se inviste de la doble condición de observador y actor, como estrategia más adecuada para penetrar en la alteridad que constituye su objeto de investigación. Su éxito radica en que la observación participante logre la captación del objeto de estudio con la mayor fidelidad.

Se trata de una observación sistemática y estructurada que permite una minuciosa exploración de los acontecimientos que persigue. Y se trata de una observación continuada que se halla incardinada en la teoría, en tanto que es ésta la que proporciona los conceptos y la trama de referencia, como explica R. Sanmartín en Observar, escuchar, comparar, escribir. La práctica de la investigación cualitativa, 1983.

El investigador trata durante el tiempo de convivencia participativa de observar con detalle los distintos rasgos que componen la cultura del grupo humano que estudia. Se trata con ello de examinar conceptos y categorías, que de otra manera, podrían resultar ajenos al observador, y que dan vida a instituciones sociales, lo cual acentúa su complejidad. La bondad de esta estrategia se deduce de que dichos elementos se desarrollan temporalmente en largos ciclos, de modo recurrente, con lo cual no podrían ser observados instantáneamente.

De todo ello se deduce que la duración del trabajo de campo de un antropólogo no puede venir dada a priori, pero en todo caso ha de abarcar un arco temporal que, cuando menos, supondrá un año de duración, especialmente cuando se trata de una comunidad rural, al objeto de poder observar un ciclo natural completo. Por supuesto, este tiempo se alarga considerablemente dependiendo de las necesidades de adaptación del investigador a las condiciones de vida del grupo estudiado.

Antes de acometer la observación participante el antropólogo habrá reunido toda la información posible sobre el área donde va a desarrollar la investigación. Por eso, no es raro que si las circunstancias lo permiten, el antropólogo lleve a cabo alguna visita anticipada, al objeto de ir preparando su trabajo.

La observación participante debe estar acompañada de una absoluta integración en la vida del grupo. Esta integración es, justamente, la que asegura la plena objetividad de la información recogida. Una larga convivencia con personas de todos los sexos y edades, inmersos en diversas ocupaciones, otorga una extremada fidelidad a la observación. De otra parte, y ello aumenta la garantía, la total integración del observador en el mundo de los actores sociales, hace que las experiencias sean multidireccionales, y que no queden enmarcadas en una parte del grupo debido a algún tipo de preferencia.

Es importante señalar que la observación participante, con ser una técnica minuciosa desarrollada por la antropología social, no está exenta de la crítica del empirismo positivista, ante el recelo que le produce cualquier acercamiento hermeneútico del observador a los actores.

Se puede replicar que la integración del antropólogo durante la observación participante no debe implicar la pérdida de una necesaria distancia del objeto, tanto en su conjunto como individualmente, a fin de alcanzar una neutralidad y una libertad que velen por la precisión de las observaciones.

Por supuesto, el antropólogo social es un científico que observa, contrasta y verifica los datos repetidamente, de lo que se sigue la fiabilidad de la estrategia que le suministra la observación participante en aras del rigor científico que persigue. Pero, además, el antropólogo social dispone de otras técnicas de campo que aseguran el principio del acercamiento holístico al objeto”.

(Fuente: “La observación participante”. + info AQUI)