Kafka en la Orilla – Haruki Murakami

Un viaje no se puede hacer sin un Libro que te acompañe y te guíe


-Aeropuerto de Valencia. 14 de abril de 2011. 20:25 h.

“A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.”

“Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.”

“Cierro el libro, permanezco unos instantes contemplando hacia fuera el paisaje. Luego sin darme cuenta, vuelvo a quedarme dormido.”

“Sentado en el sofá barro la estancia con la mirada cuando de improviso me doy cuenta de que es el lugar que he estado buscando durante largo tiempo. Un hueco en el mundo, un lugar escondido exactamente como éste.

“Y regresa al interior del edificio llevándose el teléfono inalámbrico. Me quedo solo sentado en la veranda, me como los restos del almuerzo, bebo agua mineral, contemplo los pájaros. Quizás sean los mismos que vi ayer. El cielo está cubierto por una delgada y uniforme capa de nubes. No se ve un solo retazo de cielo azul.”

-Aterrizando en Santiago de Chile. 15 de abril de 2011. 13:50 h.

“Pero en el mundo había muchas cosas que Nakata no podía imaginar siquiera, y en ellas se ocultaban innumerables razones que Nakata era incapaz de comprender. Así que dejó de reflexionar. Porque, teniendo tan pocas luces como tenía, lo único que conseguía pensando en exceso era que le doliera la cabeza. Y Nakata se tomó con reverencia el último sorbito de té, tapó el termo y lo guardó dentro de la bolsa.”

-Café Tomodachi. Santiago de Chile. 18 de abril de 2011. 16:00 h.

“De la misma manera que un relato que empieza a ser contado con brío antes de que comiencen a enmarañarse las palabras, el sendero, conforme va avanzando, va estrechándose cada vez más, cediendo su dominio a los hierbajos.”

-Departamento. Calle Merced, Santiago de Chile. 19 de abril de 2011. 11:46 h.
“-Tú ya no eres tú -dijo con voz calmada. Como si saboreara las palabras bajo la lengua-. Esto es muy importante, Nakata, que una persona deje de ser ella misma.”

-Avión con destino a Punta Arenas. 30 de abril de 2011. 08:15 h.

“Pienso en lo maravilloso que sería poder quedarme aquí para siempre. Las estanterías están atestadas de libros, queda suficiente comida en la despensa. Pero sé muy bien que éste es sólo un lugar de paso. Posiblemente deba dejarlo pronto. Este lugar es demasiado apacilbe, demasiado natural, demasiado perfecto. Y quizá yo todavía no lo merezca. Posiblemente aún es demasiado pronto para ello…”

“-¡Exacto! -dice Ôshima-. Ésta es la génesis de cualquier historia. Un gran cambio. Una inflexión inesperada. En cuanto a la felicidad, sólo existe de un tipo, pero si hablamos de infortunios, los hay de mil tipos distintos. Tal como dijo Tolstói, la felicidad es una alegoría; la desdicha, una historia”.

-Hostal Calafate. Punta Arenas. 30 de abril de 2011. 23:22 h.

“-¿Sabes, Kafka Tamura? Lo que tú estás sintiendo ahora no es otra cosa que el conflicto central de la tragedia griega. No es la persona la que elige su destino, sino el destino el que elige a la persona. Ésta es la concepción del mundo en la que se fundamenta la tragedia griega. Y la tragedia, según la define Aristóteles, irónicamente, no surge de los defectos del protagonista, sino de sus virtudes. ¿Entiendes a qué me refiero? son las cualidades, no los defectos, los que arrastran al hombre a la tragedia. Edipo rey, de Sófocles, es un ejemplo remarcable de ello. En el caso de Edipo, no son la indolencia y la estupidez las que originan la tragedia, sino su valentía y su honestidad. Y de ahí nace, inevitablemente, la ironía.”

-Hostal Calafate. Punta Arenas. 2 de mayo de 2011. 23:45 h.

“Aquella noche yo vi un espectro.”

-Cafetería Lomit’s. Punta Arenas. 3 de mayo de 2011. 10:20 h.

“A mí no me gusta en absoluto el recipiente actual que soy yo mismo. Lógico, ¿no? Lo mires como lo mires, no es más que un pobre sucedáneo. Y si me preguntas si es práctico o incómodo, te diré que es la cosa menos práctica que existe. Sin embargo, en mi fuero interno pienso: si consideramos la cáscara y la sustancia a la inversa, es decir, si consideramos que la cáscara es la sustancia y la sustancia la cáscara, el sentido de nuestras vidas es entonces mucho más fácil de entender, ¿no te parece?”

-Café Almacén. Punta Arenas. 3 de mayo de 2011. 14:30 h.

“-Tengo la impresión de que, a mi alrededor, las cosas han empezado a transformarse -dice la señora Saeki.

-¿Qué cosas?

-No sabría decirte. Pero lo sé. La presión del aire, la reverberación del sonido, el reflejo de la luz, el movimiento de los cuerpos, el flujo del tiempo. Todo ello está cambiando poco a poco. Es como si una acumulación de incesantes cambios diminutos fuera formando una gran corriente.”

-Patio Vistamar. Punta Arenas. 3 de mayo de 2011. 17:08 h.

-“Apoltronado en el sillón, el joven se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, se sentía completamente en paz. La calma y la naturalidad que emanaban de todas las cosas del local le producían una sensación muy placentera. El café, servido en una preciosa taza, era espeso y exquisito. Con los ojos cerrados y la respiración tranquila agudizó el oído para escuchar aquel antiguo entrelazado.”

-“Tu no tienes la culpa de todo. Tampoco la tengo yo. Tampoco es culpa de la profecía, ni de la maldición. No es culpa del ADN, ni del absurdo. No es culpa del estructuralismo, ni de la tercera revolución industrial. Que nosotros vayamos decayendo y perdiéndonos se debe a que el mecanismo del mundo, en sí mismo, se basa en la decadencia y la pérdida. Y nuestra existencia no es más que la silueta de este principio. El viento sopla. Podrá ser un viento violento que asole los campos o una brisa agradable. Pero ambos irán perdiéndose, desapareciendo. El viento no tiene cuerpo. No es más que el término genérico del desplazamiento del aire. Tú aguzarás el oido. Entenderás la metáfora.”

 

-Cafetería Lomit’s. Punta Arenas. 3 de mayo de 2011. 20:01 h.

“-Entiendo muy bien cómo te sientes -dice Ôshima-. Sin embargo, esto debes pensarlo por ti mismo, juzgarlo por ti mismo. Nadie puede pensarlo por ti. El amor es así Kafka Tamura. Si son tan sólo tuyos esos maravillosos sentimientos que casi te impiden respirar, también debes ser tú quien vague perdido por las profundas tinieblas. Y tienes que ser tú quien debe soportar esas tinieblas con tu cuerpo y con tu corazón.”

-Hostal Calafate. Punta Arenas. 3 de mayo de 2011. 22:12 h.

“-¿Qué? ¿Adónde vamos? -pregunto el joven.
-No importa adónde. Vaya dando vueltas por la ciudad, por favor.”

 

-Aeropuerto de Punta Natales. 4 de mayo de 2011. 12:08 h.

“-¿De verdad?
-Sí. Sin duda.
-El azar es algo pavoroso, ¿no crees?
-Tiene usted toda la razón -asintió Nakata”.

 

“-Un recuerdo es algo que te caldea el cuerpo por dentro, pero que, al mismo tiempo, te desgarra por dentro con violencia.
-Nakata sacudió la cabeza
-Es una cuestión muy complicada, eso de los recuerdos. Nakata todavía no lo acaba de entender. Nakata sólo entiende bien el presente.”

-Departamento. Calle Merced, Santiago de Chile. 4 de abril de 2011. 23:06 h.

“Un tiempo poseedor de peso específico cae sobre ti como un viejo sueño con múltiples significados. Continúas desplazándote para atravesar ese tiempo. Aunque llegues hasta el fin del mundo, no podrás huir de él. Con todo, tienes que llegar hasta el final. Porque hay algo que no podrás hacer a menos que consigas llegar hasta allí.”

“Dentro de poco te dormirás. Y al despertar, habrás pasado a formar parte de un mundo nuevo.”
 
 
 
Gracias a Ana Sánchez del Río por facilitarme esta hoja de ruta.