El valor del cuerpo, 1995

Moldes de falla, fotografías y joyas

Expuesto en los escaparates de la Joyería Gracia, Valencia.

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La Joyería Gracia me propuso realizar una intervención en sus dos escaparates. Me interesaba cómo un cuerpo cobra valor por aquello que lo cubre -sus telas, sus ropas-, o por aquello con lo que se adorna: las joyas. Utilicé para ello fragmentos de cuerpos realizados con cartón que servían como moldes para la realización de “ninots”. Estos trozos de fallas estaban sin pintar, en cartón visto y los encontré en un taller fallero llenos de polvo y telarañas. Tal cual estaban los coloque en la joyería y los adorné con joyas de precios exorbitantes. Cuerpos mutilados adornados con joyas carísimas: una paradoja.

La idea sobre la cual quería trabajar incluía una reflexión en torno al cuerpo en unos tiempos en que, por una parte se valora la imagen de ciertos cuerpos (esbeltos, musculados, bronceados y bien alimentados, es decir: sanos), y por la otra se desprecia a aquellos que no cumplen con los cánones establecidos. ¿Puede un cuerpo flaco y castigado por la enfermedad seguir siendo precioso? Las referencias al SIDA no son explícitas, pero la pieza navega alrededor de esta idea.

Dos textos se podían leer en el cristal: “Extienden la desconfianza a los que vienen a verme” y “Les pido que me traten con cariño”, que también se utilizaron en la obra La denuncia (1996).